En septiembre de 2026, un historiador médico descubrió una carta escrita por Jane Butt el 23 de septiembre de 1834 mientras investigaba en la biblioteca médica de Yale. El documento, publicado en la revista londinense Medical Dissenter, detalla un brote de sarampión en el pueblo de Broughton, donde vivía Butt. Informó que su propio hijo y otras 36 personas de la comunidad contrajeron la enfermedad, con algunos sufriendo una grave inflamación pulmonar. A pesar de atribuir la gravedad a un viento frío del este, señaló que todos los pacientes se recuperaron después de tomar las píldoras de Morison, un purgante promovido por el comerciante James Morison, quien carecía de formación médica.

Butt administraba estas píldoras con frecuencia, llegando a dar hasta seis de una sola vez a un niño menor de dos años, y también medicaba a mujeres y recién nacidos. Las píldoras eran vendidas por la propia revista, que servía como depósito oficial para los productos de Morison en Londres desde 1837. La publicación formaba parte del movimiento Higieísta, que criticaba a los médicos profesionales como un monopolio que dañaba a los pacientes mediante prácticas como la sangría. En ese momento, las mujeres estaban excluidas de la formación médica y desplazadas como parteras, lo que les dejaba sin autoridad profesional. Butt escribió su carta para contrarrestar el prejuicio público contra la medicina de Morison, utilizando la plataforma proporcionada por este movimiento marginal.

El historiador señaló que leer el relato de Butt coincidió con un resurgimiento del sarampión en Pensilvania, donde se habían reportado seis muertes en 2026. Estados Unidos registró más de 4.500 casos de sarampión ese año, la cifra más alta desde 1991. La cobertura vacunal para los niños de kindergarten había caído al 92,4%, por debajo del umbral necesario para prevenir brotes, con tasas de exención que alcanzaron un récord del 4,2% en algunas zonas. Este contexto moderno cambió la perspectiva del historiador sobre el documento histórico, revelando que las personas comunes han participado durante mucho tiempo en el discurso de salud, incluso cuando sus métodos eran defectuosos.

El artículo establece un paralelismo entre la era de Butt y el actual movimiento Make America Healthy Again (MAHA). MAHA se describe como compuesto en gran parte por mujeres que siguieron a Robert F. Kennedy Jr., aprovechando las quejas sobre cómo la autoridad médica ha desestimado históricamente a los cuidadores femeninos. El historiador argumenta que, si bien la dependencia de Butt de los purgantes fue ineficaz, su acto de contar casos representó una forma temprana de empirismo. Documentó la propagación de la enfermedad de casa en casa, un método similar al utilizado por médicos y funcionarios militares durante las epidemias del siglo XIX.

Sin embargo, la conclusión de Butt de que las píldoras causaron la recuperación fue defectuosa porque no observó los resultados para los niños que no las recibieron. La mayoría de los niños sobrevivieron al sarampión en 1834 independientemente del tratamiento. En contraste, las vacunas modernas son protecciones probadas que han sido rigurosamente evaluadas. El historiador sugiere que los padres que se niegan a vacunar hoy cometen un error inverso al descartar una protección efectiva porque la enfermedad se ha vuelto desconocida. La historia de Butt destaca cómo la autoridad médica estaba siendo institucionalizada por hombres en la década de 1830, marginando las voces comunes y específicamente a las mujeres.

El descubrimiento de la carta de Butt subraya que las personas comunes siempre han formado parte de la conversación médica, aunque sus percepciones a menudo fueron empujadas a los márgenes debido al sexismo y el control profesional. El historiador enfatiza que, si bien gran parte de la medicina anterior al siglo XIX fue ineficaz, el acto de observar e informar sobre enfermedades por parte de miembros de la comunidad sentó las bases para la salud pública. La narrativa concluye que reconocer estas voces históricas es esencial, ya que el populismo sanitario moderno a menudo enmascara patrones de exclusión de larga data en lugar de representar una rebelión novedosa.

Fuentes: STAT News.